LEYENDAS

¿Qué son las leyendas? Una leyenda es un relato que cuenta hechos humanos o sobrenaturales, que se transmite de generación en generación de manera oral o escrita dentro de una familia, clan o pueblo. Las leyendas relatan hechos y sucesos relacionados con la patria, héroes populares, criaturas imaginarias y ánimas. A continuación algunas leyendas....



                                                             LA QUENA DE ORO

En un pueblo de los Andes, en Huánuco, cerca de la laguna Lauricocha, se llevaba a cabo una gran fiesta de bodas. Los invitados estaban muy felices. Había mucha comida, sobre todo trucha salada, carne de pato, quinua y chicha de jora. Todos los vecinos asistieron, no faltó ninguno, pero notaron que se acercó un mendigo.

El jefe de ese lugar se molestó al observar al hombre y le preguntó: ¿Quién te ha invitado al banquete de bodas de mi hijo?
Nadie, señor -respondió el anciano - Solamente quiero un poco de agua y algo de comida. Tengo mucha hambre.
El novio, la novia y los invitados le exigieron que se fuera a mendigar a otro lado, porque estaba interrumpiendo la fiesta.
El anciano ya se estaba marchando sin decir alguna palabra, cuando Áureo, el ganadero más pobre del pueblo, lo alcanzó y le dijo:

  • No se marche, anciano. Venga a mi casa, que ahí tengo papitas y agua para que coma.

Áureo no solamente lo alimentó, sino que lo vistió con ropa limpia y le pidió que se quedara en su casa todo el tiempo que necesitara.

A la mañana siguiente, ¡oh, sorpresa!, el anciano brillaba tanto que Áureo no podía tan siquiera mirarlo.

  • Yo soy tu padre, el Sol -le confesó-, y me disfrazo de mendigo para conocer el corazón de mis hijos. Como tú eres un hombre noble, te regalo esta quena de oro. Solo tienes que soplarla y aparecerá cualquier cosa que tú desees. 

El pobre ganadero estaba a punto de darle las gracias, pero en un abrir y cerrar de ojos el dios Sol ya se había ido. 

Áureo, entonces, sopló la quena y, deseó tener algunos corderitos; al instante apareció un corral con diez carneros y diez ovejas. 

  • ¡Uy! -dijo entonces-, ahora necesito mucho pasto para alimentar a mi ganadito.

Y cuando volvió a soplar, el campo se convirtió en un verde pastizal. 

Nadie se podía explicar cómo Áureo, siendo tan pobre, había conseguido tantos animalitos. El jefe, pensando que los había robado, fue a preguntarle, pero cuando estuvo muy cerca, escuchó:

  • Papá Inti, mi dios Sol, ahora necesito agüita fresca para mi ganadito.   

Y mientras soplaba la quena, una bella laguna apareció en medio del pastizal.

El jefe había descubierto la magia de la quena de oro y, como era muy ambicioso, inmediatamente pensó en la forma de engañar a Áureo para quitársela, así que le dijo: 

Tú eres un pobre ganadero, en cambio, yo soy el jefe y voy a usar la quena para dar riqueza a todos los habitantes de este pueblo. 

Cómo Áureo era generoso y ya tenía lo que tanto había deseado, le entregó la quena. Apenas el jefe la tuvo, comenzó a imaginar palacios y riquezas, pero por más que pidió muchos deseos y sopló hasta cansarse, nada apareció.

Cuentan que el jefe se marchó muy molesto y que hasta hoy, en algún lugar de Huánuco, viven los descendientes de Áureo buscando la quena de oro. Y es que el buen ganadero la escondió de los ojos ambiciosos de la gente, sabiendo que algún día el buen Inti permitirá que otro hombre generoso la descubra.




                                     Mazorca de oro

En cierta ocasión, una familia de agricultores que era muy humilde, esta familia, tenía 1 matrimonio y 5 hijos. Apenas contaban con algo de comida para llevarse a la boca, y hallaban la forma de subsistir gracias a un sembradío de maíz. Con este grano cocinaban tortas y pan, que les permitía alimentarse, y una porción del maíz que les quedaba, lo ofrecían en el mercado cuando llegaba la tarde.


No obstante, la única que laboraba era la mamá. Ella cuidaba, recolectaba, guisaba y vendía el maíz. También traía el dinero al hogar, y enviaba todos los días a sus pequeños a la escuela. En tanto, el marido no hacía nada.

Cierto día, la mamá se sintió fatigada, y no consiguió recoger la cantidad necesaria de maíz. Al contar, notó que esa jornada sería imposible hornear pan disponible para alimentarse, y mucho menos pensar en llevar el maíz al mercado para ganar un poco de dinero. Triste, no paraba de llorar... Si su marido le ayudara, podrían recoger mayor cantidad de maíz, pero no podría obtenerlo, porque él solo pensaba en él y prefería realizar tranquilas caminatas por el campo. ¿Qué podía hacer?

Ya desesperada, la muchacha estaba a punto de irse a la cama, y notó que algo resplandecía en el centro de la gran cantidad de maíz. Al principio, creyó que era un destello proveniente del sol. Además, mientras sollozaba, el brillo... Pero ya cuando se alejó de allí, giró y observó. Entonces se dio cuenta de que había oscurecido, por lo que la presencia de un rayo de sol no era posible. Comenzó a explorar en el entorno, qué podría ser eso. Y de pronto:

Pero... - dijo en voz bajo la mujer - No puede ser... ¡Si es una mazorca de oro!

De todas las mazorcas, una sobresale por sus granos dorados, vislumbraba Con mucha energía. Era como una auténtica espiga de oro. ¿Y qué hizo la esposa? Se precipitó a buscar a su esposo para darle la gran noticia.

Él, que siempre estaba posando en la hamaca, y se paró sorprendido al ver eso. ¡El gran Dios compensó a su esposa por su desempeño y dedicación! Se humilló y le pidió disculpas. Hizo una promesa que de ahora en adelante la apoyaría en todo.

La mazorca fue vendida, y con el dinero obtenido sembraron más maíz, cambiaron la casa y adquirieron prendas nuevas para sus pequeños. A partir de entonces, el esposo empezó a laborar junto a su esposa, y vivieron un aumento en sus beneficios, para que nunca más experimentaran hambre.



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